quinta-feira, 21 de janeiro de 2021

A pandemia da especulação


Tem gente que só quer ganhar dinheiro, mesmo diante do sofrimento alheio, mesmo diante de uma pandemia que está matando muita gente. O que está acontecendo nos últimos dias e a avareza daqueles que estão se aproveitando da falta de produtos básicos, sobretudo o oxigênio, deveria nos levar a refletir como sociedade. O Papa Francisco sempre nos adverte contra uma economia que mata. Na sua última encíclica, Fratelli tutti, falando sobre uma nova cultura ao serviço dos mais poderosos, ele nos adverte que “disto tiram vantagem o oportunismo da especulação financeira e a exploração, onde aqueles que sempre ficam a perder são os pobres”. Ele nos diz que “a especulação financeira, tendo a ganância de lucro fácil como objetivo fundamental, continua a fazer estragos”.

Ver os pobres vender o pouco que eles têm para comprar um cilindro de oxigênio é algo de doer o coração. Gente que se apega à última esperança diante de uma situação de morte presente na vida de muitas famílias da nossa cidade de Manaus nos últimos dias. Diante da escassez do produto, a gente tem visto que o preço tem mais do que triplicado, algo que só pode ser entendido como uma amostra de pouca vergonha da parte de quem está enchendo o bolso diante do sofrimento do povo.

A mesma coisa pode ser dita dos remédios, dos alimentos, inclusive os mais básicos. O Papa Francisco, também em Fratelli tutti, ele nos diz que “quando a especulação financeira condiciona o preço dos alimentos, tratando-os como uma mercadoria qualquer, milhões de pessoas sofrem e morrem de fome”. Estamos vivendo momentos de grande sofrimento, que podem marcar o futuro da sociedade manauara e mundial. Pobres cada vez mais pobres, e ricos cada vez mais ricos, fruto de uma especulação que pode ser considerada como um gravíssimo pecado social. O pior de tudo é que a gente já acostumou com isso, aceitando que quem não tiver recursos, a única saída é a morte, uma morte cruel, pois morrer sufocado pela falta de oxigênio é uma das maiores crueldades que pode enfrentar o ser humano.


Será que não vamos nos indignar diante disso? Será que vamos continuar impassíveis vendo como uns poucos engordam suas contas bancarias enquanto uma multidão está ficando sem nada, inclusive sem a própria vida? O silêncio nos torna cumplices de um sistema que mata os pobres, uma situação que é contrária ao projeto de Deus, que nos chama a fazer realidade na vida de toda pessoa, o pão nosso de cada dia.

Não podemos negar, e essa deve ser nossa esperança, que diante daqueles que especulam, também tem gente solidária. Como nos dizia nosso arcebispo Dom Leonardo, diante da resposta à campanha organizada pela Igreja católica do Amazonas e Roraima, “nós ficamos muito surpresos e agradecidos pela solidariedade, existe muita solidariedade em Manaus, existe muita solidariedade no Amazonas, existe muita solidariedade no Brasil, existe muita solidariedade internacional”. Ele destaca “os pequenos gestos, essas pequenas contribuições”, de tantas pessoas anónimas que estão ajudando nos últimos dias. Nessa solidariedade, em palavras do nosso arcebispo, “nós percebemos como nós formamos uma grande fraternidade, e como gostamos de nos ajudar e nos consolar através desses pequenos gestos”.

Sejamos conscientes que somos nós quem devemos ajudar a entender a vida desde uma perspectiva diferente. Ser solidários, compassivos, caridosos se torna uma necessidade urgente. Só assim a gente vai acabar com a pandemia da especulação, mostrando que partilhar é bem melhor do que explorar, sobretudo os mais pobres.


Luis Miguel Modino
Assessor de Comunicação Regional Norte 1 CNBB
Editorial Rádio Rio Mar de Manaus


2 comentários:

  1. Si podéis enviarme el articulo traducido lo al español podría publicarlo en CONFER y en el Boletín de los Javerianos

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    1. La pandemia de la especulación
      Hay gente que sólo quiere ganar dinero, incluso ante el sufrimiento de otras personas, incluso ante una pandemia que está matando a mucha gente. Lo que está ocurriendo en los últimos días y la avaricia de quienes se aprovechan de la falta de productos básicos, sobre todo de oxígeno, debería llevarnos a reflexionar como sociedad. El Papa Francisco siempre nos advierte contra una economía que mata. En su última encíclica, Fratelli tutti, hablando de una nueva cultura al servicio de los más poderosos, nos advierte que "esto es aprovechado por el ventajismo de la especulación financiera y la expoliación, donde los pobres son los que siempre pierden”. El Papa nos dice que "la especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos”.
      Ver a los pobres vender lo poco que tienen para comprar una bombona de oxígeno es algo que hiere el corazón. Personas que se aferran a su última esperanza ante una situación de muerte presente en la vida de muchas familias de nuestra ciudad de Manaos en los últimos días. Ante la escasez del producto, hemos visto que el precio se ha más que triplicado, algo que sólo puede entenderse como una muestra de poca vergüenza por parte de quienes se llenan los bolsillos ante el sufrimiento de la gente.
      Lo mismo puede decirse de los medicamentos, de los alimentos, incluso de los más básicos. El Papa Francisco, también en Fratelli tutti, nos dice que “cuando la especulación financiera condiciona el precio de los alimentos tratándolos como a cualquier mercancía, millones de personas sufren y mueren de hambre”. Estamos viviendo momentos de gran sufrimiento, que pueden marcar el futuro de Manaos y de la sociedad mundial. Pobres cada vez más pobres, y ricos cada vez más ricos, fruto de una especulación que puede considerarse un grave pecado social. Lo peor de todo es que ya nos hemos acostumbrado a ello, aceptando que quien no tiene recursos, la única salida es la muerte, una muerte cruel, porque morir asfixiado por la falta de oxígeno es una de las mayores crueldades a las que se puede enfrentar el ser humano.
      ¿No nos indignaremos por ello? ¿Permaneceremos impasibles viendo cómo unos pocos engordan sus cuentas bancarias mientras una multitud se queda sin nada, incluso sin su propia vida? El silencio nos hace cómplices de un sistema que mata a los pobres, una situación contraria al plan de Dios, que nos llama a hacer posible en la vida de cada persona, el pan nuestro de cada día.
      No podemos negar, y esa debe ser nuestra esperanza, que ante los que especulan, también hay gente solidaria. Como decía Don Leonardo Steiner, arzobispo de Manaos, ante la respuesta a la campaña organizada por la Iglesia Católica de Amazonas y Roraima, "nos sorprendió mucho y agradecemos la solidaridad, hay mucha solidaridad en Manaos, hay mucha solidaridad en la Amazonía, hay mucha solidaridad en Brasil, hay mucha solidaridad internacional”. Él destaca "los pequeños gestos, esas pequeñas aportaciones", de tantas personas anónimas que están ayudando en los últimos días. En esta solidaridad, en palabras del arzobispo, "vemos cómo formamos una gran fraternidad, y cómo nos gusta ayudarnos y consolarnos con estos pequeños gestos.
      Seamos conscientes de que somos nosotros los que debemos ayudar a entender la vida desde una perspectiva diferente. Ser solidario, compasivo y caritativo se convierte en una necesidad urgente. Sólo así acabaremos con la pandemia de la especulación, demostrando que compartir es mucho mejor que explotar, especialmente a los más pobres.

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